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viernes, 3 de junio de 2011

LA VIEJA INDECENCIA

En el contexto electoral que estamos atravesando, les presentamos un artículo del periodista César Hildebrant. Este artículo muestra un panorama de lo que sucede actualmente en nuestro país y revela el importante papel que deben cumplir los jóvenes para cambiar esta situación.



La vieja indecencia


César Hildebrant



El único mérito que puedo concederme en esta vida moteada de algunos éxitos y muchos fracasos, en esta carrera ingrata que me eligió, en este oficio artesanal de tratar de encontrar la verdad que a pocos importa y las mentiras que ya no escandalizan, el único mérito que me concedo, digo, es no haber cedido a la tentación del medio: resígnate, así es el Perú, tolera lo que todos, créeles a los idiotas de la derecha, a los que hacen negocios turbios y a la vez editorializan en relación con “los valores de la democracia” (cuando la verdad es que se zurran en ella y en lo que significa).


Naces en este país hermoso y complicado y la primera sugerencia que te asalta es la del estoicismo: quédate quieto, tranquilo hermano, así es esta vaina, esto no lo arregla ni el sillau. Y se te puede pasar la vida haciéndote el de la vista gorda, haciéndote el loco y asistiendo con cara de palo a las grandes mecidas.


–Nada puedes hacer, esas son las reglas– susurra el aire tóxico de Lima.


–Esto no lo ha cambiado nadie– remacha una sombra, la sombra de lo que pudiste ser.




Me van a perdonar pero yo jamás creí en eso. Jamás hice el muertito en el mar de los sargazos de las voluntades, quebradas o roídas. ¿Por qué? Porque siempre creí que en el país de las cabezas gachas había que mirar lo más lejos que se pudiera. Porque viendo a las hormigas a uno le dan ganas de volar. Porque hay belleza en la rebeldía y una flácida fealdad en el conformismo.


Porque, en fin, siendo un viejo creyente del agnosticismo siempre he pensado que Jesucristo fue un hombre revoltoso asesinado por el orden imperante. Y que sin la rebeldía de Cáceres habríamos detenido nuestra historia en el mísero Iglesias. Y que sin la rebeldía de De Gaulle los franceses habrían tenido que arrastrarse junto a Petain, ese gran derechista pro nazi.


Mi generación ha fracasado. Pudimos tener a un refundador del país y construimos a García. Pudimos tener a un inconforme consagrado por las multitudes, a alguien que estuviese más impulsado por el amor que por el odio, pero nos detuvimos en Robespierre y en sus encarnaciones criollas.


Pudimos tener un país y lo que permitimos fue un mall. Ahora la pelota está en el tejado de los jóvenes. De ellos dependerá que este país cambie de verdad.



Hace como mil años que vivimos hablando en voz baja, consintiendo.


Hablamos bajito cuando los incas podían desollarte. Y más bajito cuando los españoles te podían trocear. Y todavía con murmullos cuando fuimos libres de boca para afuera pero súbditos de los sucesivos caudillos que creían que el Estado era un bien raíz y una chacra para los amigotes. Así fuimos haciendo esta gran Aracataca. Macondo hicimos.


Pensar era –y es– una anomalía. Disentir, una provocación. Rebelarse, una extensión de la locura. En un país dominado por la injusticia hablar de la injusticia te podía costar El Frontón. Y luchar contra ella, la vida.



Frente a un Túpac Amaru hubo cien Piérolas creando sus propios califatos. Porque el miedo a la libertad no es solo el título de un libro de Fromm. Es la consigna que la derecha le ha impuesto al Perú. Está en su escudo desarmado y en sus genes vendedores mayoristas de su propio país.



Todos roban –te dicen–. Y eso es casi una invitación a robar. Porque si todos roban, ya nadie roba.


–Aquí no hay castigos ni recompensas, todo se olvida– te muelen repitiéndolo. Y eso es otra incitación a la impunidad.


Lo criollo es también esta salsa espesa de quietud egoísta. Las verdaderas tradiciones peruanas no son las de Ricardo Palma: son decir sí y estar en la foto.



¿Exigir cambios? Eso es –dicen los que cortan el jamón y los idiotas de sus services– de chavistas, rojos, perfeccionistas, amargados y renegones. En el Perú la ira de los pobres se combate con misas o balazos y hay un estoico agazapado en cada futuro, detrás de la maleza de los días. Y cuando estemos lo suficientemente ablandados, vendrá el tiro de gracia. Y cuando venga el tiro de gracia, cuando ya no pienses sino en ti mismo y bailes solo en la loseta ínfima que te asignaron, ese será el día final de tu hechura: serás uno de ellos. Hablarás como ellos, maldecirás como ellos, venderás como ellos. Y, sobre todo, harás lo que ellos: negar al otro y sólo reconocerte entre los tuyos.


Que los jóvenes aprendan la lección. Nada cambiará si no matamos la resignación.



Porque la democracia no consiste en votar de vez en cuando. Consiste en ejercer la libertad a cada rato.


Los esclavos no aman la libertad –esa es una mentira altruista–. Solo los libres pueden amar la libertad y defenderla.


La mansedumbre no es madurez sino derrota. El aguante es la amnistía crónica. La docilidad es lo que se les exigía a los negros carabalíes embarcados a la fuerza en el puerto de Macao. La libertad no mata. La paciencia es una mentira teologal que contradice a Cristo y que Cipriani aplica en cada hostia. Cristo fue impaciente. La vida es una ráfaga impaciente.


Los peruanos no nacimos un día en el que Dios estuvo enfermo, como decía Vallejo de sí mismo. Naceremos el día en que sepamos apreciar el vértigo creador de la palabra desacato. El desacato no es el caos. Caos es lo que vendrá cuando las presiones sociales, contenidas por el plomo y la mentira, revienten otra vez.



Y ahora sería un magnífico desacato, un descomunal acto de rebelión democrática o dejarse engatusar por quienes quieren, en el colmo de la indignidad, que premiemos a la hija de un ladrón y asesino –ladrona ella misma al gozar del dinero robado– con la presidencia de la República.


Y todo por cerrarle el camino a un señor que quiere cambiar algunas cosas. Solo algunas cosas. Un señor al que la experiencia ha moderado y que se ha comprometido a no hacer experimentos anacrónicos. Pero que sí quiere que las mineras paguen lo que deben, que los impuestos sean más directos, que los viejos estén menos desamparados, que haya menos hambre y que la pobreza rural se atenúe todo lo que se pueda sin desbaratar la economía. Y que quiere también que el gas peruano abastezca primero a los peruanos y que los grandes proyectos de exploración y explotación de la minería y del petróleo se concilien con los intereses nativos y las normas ambientales que no se están cumpliendo.




La derecha quiere volver a demostrarnos que siempre gana. Presentó cuatro candidatos –cuatro variaciones de la misma melodía: Castañeda, Toledo, PPK y K. Fujimori– y los cuatro perdieron. Ganó un hombre gris que propuso algunos cambios. Y lo peor: sale la primera encuesta pos primera vuelta y el hombre sin demasiados atributos ¡sigue ganando! Y sigue ganando porque Lima, este espanto, no es el Perú. Porque el gobierno de Las Casuarinas está en crisis. Porque el modelo García, una combinación de Caco con Friedman, drena sanguaza.


Entonces, la derecha propone liquidar, de una vez y para siempre, esta pesadilla que aturde al dólar, baja las acciones, hace chorrear el rímel. Para eso están su tele, su radio, sus periódicos. Y se deciden por lo previsible: la campaña del terror.



Solo el terror podrá salvarlos. Porque saben que su prontuariada candidata es impresentable aun para 75 por ciento de peruanos.


Lo único que cabe, entonces, es bombardear al incómodo reformista con todos los B-52 de la calumnia, el rumor, la mugre, la idiotez que los cándidos pueden propagar. El propósito es el homicidio político del hombre que propone algunos cambios. Y los muertos no pueden ganar elecciones.



Hablan de intromisión extranjera los que quisieran anexarse a los Estados Unidos o al Chile potente que sus tatarabuelos dejaron entrar con su cobardía y su desunión. Denuncian que la libertad de prensa peligra quienes despiden a periodistas que se niegan a sumarse al lodo de la campaña contra Humala. Y advierten que el empleo está amenazado quienes han creado la mayor cantidad imaginable de empleos basura y services explotadoras.


Y a todo esto le llaman “elecciones democráticas”. A ensuciar la inmundicia le llaman “debate”. Y no tienen problema alguno bancando a una candidata indecente. Ellos representan la vieja indecencia de las encomiendas, las ladronas leyes de consolidación, el festín del guano. La señora K. Fujimori les cae como anillo al dedo.






Tomado de La República (Lima-Perú), 01.05.11.

lunes, 15 de febrero de 2010

POESÍA Y POLÍTICA

Algunos especialistas en Filosofía Política y otras disciplinas afines a esta afirman que toda acción y expresión humana es política; que ningún ser humano deja de participar en política. Es más, afirman que la política es la expresión de la relación existente entre las clases sociales de la sociedad. En este sentido, expresiones como el arte, la literatura, entre otras, tampoco pueden dejar de ser políticas. "No hay poesía que no sea política", menciona, por ejemplo, el poeta Eduardo Chirinos. A propósito de esto último, veamos a continuación el caso de dos poetas, cuyas obras han sido consideradas abiertamente como políticas: Rubén Darío y Dante Alighieri.



DARÍO Y ROOSEVELT


Entrevista al poeta Eduardo Chirinos sobre el poema que Darío dedicó a Roosevelt.

¿Qué significado tiene ese poema?
Siempre me ha parecido excesivo indagar sobre el "significado" de los poemas. A veces dudo de que tengan alguno, pues si, efectivamente, lo tuvieran, se agotarían una vez que lo descubriéramos. Prefiero pensar en los poemas como puertas abiertas, o, si prefieres, como preguntas por hacerse y rehacerse. En el caso particular de este poema de Darío lo que inquieta es el modo de los contenidos (la presencia amenazante de los Estados Unidos, el desamparo de América Latina y España ante la modernidad, la herida narcisista causada por la apertura del Canal de Panamá) asumen la forma particular que le dio Darío.

¿Por qué el caligrama perdido?
Si lo miras bien (y digo miras literalmente), verás que la forma en que está organizado el poema, dibuja en sus contornos el litoral americano. Se trata de un caligrama cartográfico que denuncia en su NO central, el corte de Panamá.

¿Se trata de una distinta lectura?
A más de cien años de ser escrito, las lecturas abundan. Hay páginas excelentes dedicadas a este poema: las de Octavio Paz, las de Pedro Salinas y, más recientemente, las de Jaime Concha. Todas muy interesantes, perspicaces y enriquecedoras. Pero nadie se había detenido a mirar el poema. Y para mirar hay que dejar de leer. Al menos por un instante.

¿Qué relación hay entre poesía y política?
No hay poesía que no sea política. Todas, hasta la más intimista, se inscribe en el proyecto de su época, y podría reconstruir un sistema político una vez caducado. De lo que se trata es de saber leer en poemas que no necesariamente enuncian lo político, el síntoma que socialmente nos define.

¿Tiene vigencia la poesía de Darío?
Darío es de esos poetas que uno nace escuchando en casa: mi abuela solía recitarme poemas suyos de memoria, y en la escuela eran de lectura obligatoria para eventos cívicos y amorosos. Quiero decir que hay un Darío popular cuyos pies de barro son los primeros en caer cuando se accede a poetas como Vallejo, Neruda y Borges... para descubrir después que sin Darío nunca hubiéramos tenido a Vallejo ni a Neruda ni a Borges. No sé si los más jóvenes lean hoy a Darío. Sé que es un poeta al que es fácil de admirar y querer. Y no siempre se quiere a quien se admira.


"Darío y Roosevlt". En La Primera
(Lima-Perú), 12.01.08.






DANTE, EL POLÍTICO INGENUO

Entrevista a Joaquín Barceló sobre la Divina Comedia.

Hace 700 años, Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321) se sentó a escribir "La divina comedia", una de las obras máximas de la literatura universal producida en Europa durante la Edad Media. En Lima, la Universidad del Pacífico ha tenido la iniciativa de organizar un ciclo de conferencias y muestras sobre la obra y la figura del célebre poeta italiano, y entre los especialistas invitados a la dantesca cita destaca el prestigioso intelectual chileno Joaquín Barceló. En su conferencia, Barceló ofreció una visión de "La divina comedia", en que puso la lente en la política de su época. Especialmente, las pugnas entre güelfos y gibelinos, las dos principales fuerzas políticas de ese entonces, así como la concentración entre la Iglesia y el Estado, y, sobre todo, la mezcla existente entre actividades terrenales y espirituales. "Dante es un previsor del futuro -señala Barceló- porque en su obra él preconiza la división entre el Estado y la Iglesia. El discurso de Dante fue revolucionario para los tiempor en que los papas coronaban a los emperadores", explica.

Es curiosa la trayectoria política de Dante. Comenzó siendo de los güelfos, luego fue gibelino y después aborreció a ambos grupos. ¿A qué respondían estos quiebres?
A los desengaños sucesivos. Dante era de familia güelfa, partidario del poder político de la Iglesia, pero fueron ellos mismos los que se dividieron y manejaron mal la política florentina. Dante se decepcionó de los güelfos y se acercó a los gibelinos. Y también se apartó de ellos. En realidad, ambos partidos ya no peleaban entonces por ideales, sino por intereses particular
es y mezquinos. Luchaban uno contra otro de forma muy violenta, muy poco noble y sin un ideario digno de respeto.

¿Cómo cree que ha variado las lecturas de Dante en los últimos tiempos?
Hay ahora una mayo comprensión de la obra de Dante, más aunténtica, porque reconocemos su carácter objetivo y su rechazo a la subjetividad. Por ejemplo, en "La divina comedia" aparecen los espíritus de dos monjas, cuyos parientes las sacaron a la fuerza del convento para que se casaran por razones políticas. En el Paraíso ellas tienen menos gloria, porque sus vot
os quedaron interrumpidos. Uno podría preguntarse qué culpa tenían ellas, pero para la mentalidad objetiva de Dante, en sus vidas hubo una falla, una mancha: no cumplir a cabalidad con sus votos.

Si trasladamos esa mentalidad objetiva a la política, nos damos cuenta de que Dante fue especialmente sectario... Pensaba en la unificación de Italia, no importaba si esta se lograba bajo el poder del emperador alemán, por ejemplo. El fin justificaba los medios...
Sin duda esa frase no fue invento de Maquiavelo, quien supo verlo siglos después. Maquiavelo no tenía ninguna ingenui
dad. En cambio, Dante era un ingenuo en materia política. Para él, el mayor enemigo de la justicia era la codicia, cosa que posiblemente sea verdad. Entonces propone que la única forma de exterminar la codicia del mundo es mediante un emperador que tenga poder sobre todo el mundo, que lo posea todo, para que para el resto de hombres no haya nada para codiciar. Lo cual es imposible.




Planas, Enrique. "Dante, el político ingenuo".
En La República (Lima-Perú), 17.06.10.